martes, 1 de mayo de 2012

American Beauty

Siempre había oído que toda tu vida pasa ante tus ojos el segundo antes de morir. Para empezar ese segundo no es un segundo en absoluto, se hace algo inmenso como un océano de tiempo. En mi caso aparecía yo tumbado boca arriba en el campo de boyscouts mirando estrellas fugaces, y las hojas amarillas de los arces flanqueaban nuestra calle, o las manos de mi abuela con su marchita piel que parecía papel. Y la primera vez que contemplé el Firebird de mi primo Tony... y Jane... y Jane... y Caroline...

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