domingo, 7 de septiembre de 2014

Cambios

Desde que tengo uso de razón me he esforzado tanto como he podido para lograr salir de aquí cuanto antes, ir a la universidad y estudiar lo que realmente me gusta; lejos de la gente que conozco, lejos del pueblo en el que nací, lleno de personas aburridas que se entretienen comentando la vida de los demás. Pero irónicamente, cuando al fin lo consigues, aparece una razón que te retiene y que te hace pensar cada día en como vas a administrarte el tiempo para poder ver a esa razón; sí, para poder verlo a él. Toda la ilusión y ganas de irte se esfuman como lo hace el humo que sale de tu boca tras darle una calada a un cigarrillo con las marcas de carmín. 
¿Donde quedan esas ganas de conocer gente nueva, vivir sola y hacer vida de adulto? Por mucho que me resista a reconocerlo todas mis ganas y alegrías, todas mis ilusiones y tristezas tienen origen y dueño.